Señor, en este día te miro,
te miro y te admiro,
y me asombro de tu grandeza,
de lo infinito que eres.
¿Cómo tú, siendo tú,
me puedes amar a mí, siendo yo?
Tu mirada fortalece mi alma,
tu respiración apaga mis dudas.
Tus silencios responden mis porqués,
la curva de tu sonrisa
endereza mi camino.
Hoy oro, oro y te pido
que los problemas temporales
no apaguen mi enfoque en lo eterno,
que las críticas externas
no afecten mi interior,
que las realidades no oculten la verdad.
Hoy, má s que nunca,
te miro y te sigo admirando,
porque cada uno de mis gigantes caen,
pero nunca me quedo sin piedras.
Cada día me equipas con la
piedra ganadora,
me haces sentir que yo la lanzo,
pero sabemos que tú la diriges
por control remoto,
para regalarme otra victoria,
Tú me has hecho más que vencedora,
me has equipado de originalidad,
has puesto mis pies firmes sobre
la roca
y me enseñaste a plantarme segura
ante las circunstancias adversas.
Cómo tener miedo
cuando tu padre es un león,
cómo callarse ante el ladrido del lobo
cuando no dejas de escuchar
adentro
un rugir feroz en cada momento,
en cada minuto, en cada segundo,
seguiré caminando,
levantando tu nombre con tu voz grabada,
latiendo en mi espíritu
y la imagen de mi familia
grabada en mi mente.
Porque tú y ellos
son el motor
que me impulsa a seguir,
que me inspira a creer,
que me motiva luchar.
Viviría mil vidas
y te elegiría a ti.
Viviría mil vidas
y los elegiría a ellos.
Y volvería a abandonar todo aquello que
me separe de vosotros,
porque es por y para voso
tros por quien vivo.
Primero tú, después ellos.
Lo hago yo.
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